Charla con David Monthiel, autor de Nuestra señora de la esperanza

Roca Editorial -

«Ganar un premio de novela negra tan importante como el L'H Confidencial con una historia localizada en el Cádiz del ayuntamiento del cambio, con su lenguaje, sus personajes, sus tejemanejes, me parece un milagro. Nuestra señora de la esperanza (y la saga Bechiarelli) es una novela para todo el mundo en la que intento narrar historias que resulten interesantes, nuevas, de calidad, con personajes que hasta ahora habían sido, en Madrid o Barcelona, albañiles, buscavidas, flamenquitos hambrientos o sirvientas.»

Charla con David Monthiel autor de Nuestra seora de la esperanza

1. ¿A qué crees que se debe que Cádiz no sea más propensa a ser escenario de novela negra?
El mercado ve con normalidad que leamos historias muy locales y costumbristas en Malmö, Bergen o en Baltimore y no en Paterna de la Rivera o en Jerez. Encuentra muy normal que un escritor contemporáneo sitúe su novela en Andalucía o Cádiz y reitere viejos y sólidos tópicos y mitos de viajeros románticos. Andalucía aún se considera un lugar exótico a visitar y en el que escribir novelas de iniciación o descubrimiento siempre desde fuera, como un turista. Un escenario en el que sus habitantes sólo son figurantes graciosos o mujeres fatales. Ejemplos hay miles.

Nuestra señora de la esperanza es un golpetazo frente a esos tópicos y mitos que lastran. Porque es una novela que habla de que debajo de las postales veraniegas, del carnaval mediático, de la supuesta "indolencia al trabajo", Cádiz es una ciudad magna y antigua, fundamental y central en la historia antigua del Mediterráneo. Que alberga mitos de sus fundadores, los tirios, como el de Moloch y Astarté.

2. Bechiarelli, ¿Humphrey Bogart o Santiago Segura?
Ninguno de los dos. Bechiarelli es fruto de un tipo de cultura popular muy concreta, organizada y completa, una de las más satíricas y críticas, que se llama Carnaval de Cádiz. Es hijo de una forma de vida que respira la creatividad de inventarse cada año una excusa para salir a la calle y cantar juntos coplas, divertirse, emborracharse, vivir en el tiempo al revés del carnaval. Bechiarelli es alguien con una cultura ética muy concreta que sabe de las fatiguitas, pero también de las alegrías, de las miserias y grandezas de la gente humilde, sabe que tras un flojo hay un epicúreo, tras la alegría una pena negra, tras las risas, las fatiguitas, tras el pasado de esplendor, el presente de mojón.

Bechiarelli es una suerte de Carvalho a la gaditana, un detective pobre, golfo y tieso, pero digno. Alguien que sin su red de amigos y colegas está perdido, con su proverbial flojera, astucia y savoir vivre. El detective siempre está al liqui, al liquindoi, esa forma de enterarse de todo, de estar atento tan gaditana y que es la base de sus destrezas detectivescas.

3. En tu novela es muy importante la forma de hablar de los personajes, ¿no temes que eso pueda distanciarte del lector medio?
Para nada. El lector medio asume el slang de Baltimore sin despeinarse, acepta el leísmo madrileño, se ríe de los chascarrillos blandos del humor albaceteño, sin quejarse, sin denotar su localismo. ¿Por qué, a veces, le chirría la forma de hablar en Cádiz? Como decía un humorista andaluz: «No es que yo tenga que hablar más lento (o escribir más claro) es que tú tienes que pensar más rápido.»

En Nuestra señora de la esperanza los personajes hablan la lengua viva de Cádiz. Y esto plantea muchos problemas ya que cuando se lleva al negro sobre blanco pierde la musicalidad. Es como leer una partitura en silencio. Pero siempre queda algo de la gracia y el donaire. Los lectores de la saga de Bechiarelli, sean de donde sean, hablen como hablen, agradecen este hecho y celebran la chispa, la guasa, la ironía a pesar de que estemos en mitad de la investigación del asesinato de un concejal.
 
4. Desde tus inicios te has movido tanto por el relato, como por la poesía o la novela, ¿qué te da cada una?
Cuando me presentan a alguien como escritor siempre me preguntan qué escribo. Yo respondo que de todo, hasta prospectos. He escrito relatos desde siempre y edité un libro, ahora descatalogado, que se titula Yuri Gagarin que estás en los cielos y tengo otro más inédito. La poesía también me dio alegrías, amigos y amigas, premios y muchos recitales en los que la palabra muerta en la página revivía compartiéndola con los demás. Unos años de encuentros muy fructíferos en los que fui a muchos sitios. Aún tengo un libro inédito que espera a ser editado algún día.

Sin embargo, es la novela la que realmente me entusiasma y motiva, y la que me ha dado muchas satisfacciones. Tardé en llegar porque creo que es un género que necesita madurez, edad, como la filosofía, en tiempos de adolescentismo perpetuo y viejovenes por doquier. La novela me permite desarrollar un lenguaje preciso, contar historias sobre la gente con la que convivo, usar mi memoria sentimental, tratar temas candentes como la gentrificación, el turismo salvaje, la memoria, los mitos, el carnaval de Cádiz, el mito de la mujer fatal o Carmen o la política en un ayuntamiento del cambio.

5. ¿Dirías que la novela negra de buena salud?
Si hablamos de la novela negra que da el corte en diagonal a una sociedad y se pasea por todos los ámbitos de esa misma, que lo mismo va a los descampaos, a los barrios pobres, que a los salones de los Casinos, sí, tiene buena salud. Solo hay que leer a Kike Ferrari. Si hablamos de los remedos de CSI o de True detective, estos también gozan de buena salud, pero de una que nada tiene que ver con la literatura que yo leí en Manuel Vázquez Montalbán, Ted Lewis, Carlo Lucarelli o Paco Ignacio Taibo II.

6. ¿Qué importancia tiene el humor en la literatura para ti?
No es algo que tenga en cuenta. Cuando escribo, sale. El humor, la ironía, el sarcasmo, son una forma de vivir y escribir que tiene que ver en cómo se entienden las cosas en Cádiz, en esa filosofía práctica ante las miserias y fatigas. No concibo la literatura de otra forma. Está ahí. Aparece. Y creo que es un valor ante las sesudas y recias parrafadas que se toman tan en serio que dan pie al cachondeo. Nuestra señora de la esperanza no es una novela de humor, pero lo contiene como parte de una realidad que, como he dicho, es irónica hasta la médula. Es cierto que los lectores pasan de lo terrible de encontrar el cadáver de un concejal en un solar a los chispeantes diálogos entre Bechiarelli y sus habituales. Pero eso es la esencia de esta ciudad.

7. Defínete en una palabra. Define a Bechiarelli.
Podría decir que soy constante, trabajador, imaginativo, creativo, determinado. Bechiarelli es un buscavidas que sabe moverse como mojarrita de piedra entre las altas y bajas esferas. Angango y culto, fiel y determinado. Es un Carvalho de Cadi-Cadi

8. ¿Qué te acerca y qué te aleja al detective?
Me acerca todo. Compartimos educación sentimental, origen, barrio, forma de hablar y de pensar. Pero yo no fumo macaflys.

9. Has ganado el L'H Confidencial, ¿ahora qué?
Para mí este premio es muy importante. Por varias razones. Nuestra señora de la esperanza se ha publicado en Roca Editorial y eso le da más visibilidad. Puede llegar a más lectores y lectoras. Porque coloca a Bechiarelli y sus casos en el mapa de la novela negra. Porque valida "simbólicamente" a toda la saga. De un plumazo han desaparecido las pegas costumbristas a las que estoy acostumbrado por escribir desde Cádiz. Porque es la confirmación de que el "lugar de enunciación" es importante y se valora, y porque es un golpetazo en la mesa de la novela negra sureña, con denominación de origen, con sus personajes y lenguaje, que ya lleva años dando novelas de mucha calidad. Como se dice aquí: un pelotazo. Y eso me llena de esperanza y de felicidad. 

Lo que venga, bueno será.


Si todavía no conoces a Bechiarelli, te pierdes a un detective único. Te invitamos a descubrir más en este otro post en el que os hablábamos de la entrega del Premio L'H Confidencial. Y recuerda que puedes empezar a leer la novela cuando quieras a través de este enlace.

¡Feliz lectura!

Descubre nuevas lecturas con el buscador emocional

Descubre