Charla con Elia Barceló sobre El eco de la piel

Roca Editorial -

El eco de la piel por fin está en librerías, con toda la elegancia y la intriga a la que nos acostumbró tan bien Elia Barceló en El color del silencio. Ahora nos enfrentamos a una historia sobre la memoria, la identidad y el paso del tiempo. ¿Quiénes somos y cómo nos recuerdan los demás? En este caso conoceremos a dos protagonistas. Una es Ofelia Arráez, una empresaria del calzado importante, y la otra es Sandra Valdés, una joven periodista que recibirá el encargo de escribir la biografía de Ofelia, no sin complicaciones. En su investigación descubrirá un montón de secretos, pero lo dejamos aquí porque no hay nadie mejor que Elia Barceló para contar de qué va exactamente su nueva novela.


Escuchar a Elia Barceló siempre es un placer y leer sus historias siempre es un acierto. Hemos querido charlar con ella un poco más sobre los entresijos de El eco de la piel para acercaros este nuevo universo maravilloso que ha creado en Alicante.

Roca Editorial (RE): ¿Por qué el eco y por qué de la piel?
Elia Barceló (EB): Cuando una escribe una novela sobre lo que queda de una vida cuando ya la persona ha muerto, resulta natural hablar de ecos. Todo lo que permanece son ecos, reflejos cada vez más tenues de la realidad que los engendró. Ecos en forma de palabras sobre todo, palabras ajenas, y algunas propias si una es dada a escribir cartas o diarios u —hoy en día— es muy activa en redes sociales. Además, dio la casualidad de que el año pasado, cuando yo estaba en medio de la escritura de la novela y tuve la suerte de conocer en persona a Lita Cabellut, resultó que ella también estaba trabajando en un proyecto sobre ecos en pintura. Hablamos sobre ello, estábamos de acuerdo en todo, y me pareció una coincidencia maravillosa, casi una señal. Entonces supe con total certeza que «eco» estaría en el título. En cuanto a «piel», me gusta ese triple significado que uso a lo largo de la historia: piel es el cuero con el que se fabrican los zapatos —la protagonista es una gran empresaria de calzado para señora—, pero es también la piel que nos cubre el cuerpo, nuestro mayor órgano y el más sensible, y además tiene el significado, importantísimo en la novela, de las pieles que los seres humanos vamos dejando atrás a medida que crecemos y nos desarrollamos.

RE: ¿Qué se va a encontrar el lector? Porque poco o mucho ya hemos contado que la novela es una especie de rompecabezas que esconde giros inesperados que harán replantear todo lo que se ha leído hasta el momento...
EB: Quien lea la novela encontrará una historia de mi rama realista, del estilo de El color del silencio o Las largas sombras, una historia de secretos en el pasado en la que hay muchas verdades diferentes, muchas versiones, muchos puntos de vista. Es el lector o lectora quien va uniendo las piezas, decidiendo si le parece que las cosas debieron de suceder así, hasta que en algún momento le ofrezco más datos «de primera mano» como si dijéramos, y muchas cosas cambian.

RE: Uno de los temas centrales de la novela es la identidad, cómo la construimos, cómo nos ven los demás y cómo se nos recuerda cuando morimos. ¿De dónde surgió esa idea y cuál es la reflexión que hay detrás?
EB: Esta es una idea muy vieja en mí. Siempre me ha llamado la atención lo poco que se conserva de las personas cercanas y queridas al cabo de un par de décadas; normalmente frases sin importancia que decían con frecuencia, o chistes malos o alguna tontería. No se suele recordar lo más inteligente que dijeron, ni lo mejor que dejaron. Y, además, una vez que has muerto, todos se consideran autorizados a hablar de ti como si te hubiesen conocido en profundidad. Es llamativo que cuando alguien llega a una edad muy avanzada, han muerto todos sus coetáneos y él o ella es el único que queda, su versión de los hechos es la que permanece, porque ya no queda nadie que pueda llevarle la contraria y decir que no fue así. 

También me interesa la idea de que somos seres textuales, hechos de palabras; seres que nos pasamos la vida narrándonos a nosotros mismos, fabulando nuestro pasado, buscándonos coartadas, justificándonos por lo que hicimos o dejamos de hacer, por las decisiones que tomamos. Somos todo eso, y lo que los demás dicen de nosotros, tanto si es verdad como si es mentira, porque al cabo de un tiempo ya no hay forma de diferenciar lo que fue de lo que no fue.

RE: Además, de nuevo la familia, el pasado y los secretos vuelven a estar en el centro de la historia, como ya vimos con El color del silencio. ¿Qué tiene de apasionante todo aquello que callamos?
EB: Yo creo que gran parte de la literatura se basa en lo oculto, en el misterio, en lo que se calla y se esconde. En el caso de la novela negra es muy evidente: todo se basa en descubrir cómo fue, quién lo hizo, por qué. A los seres humanos nos encanta dar respuesta a las preguntas que nos hacemos, y la literatura nació para hacer preguntas. Nos gusta comprender, saber cuál fue el origen de un comportamiento, de una guerra, de una traición; queremos saber quiénes son los otros, quiénes somos nosotros mismos, qué importancia tuvo o tiene un dato suelto que nos llama la atención… La curiosidad es un poderoso acicate y las novelas, con su carga de voyeurismo y su impulso a la reflexión, nos ayudan a saciar esa sed de saber. También nos ayudan a comprender el mundo o al menos a creer que lo comprendemos mejor.

RE: Háblanos un poco de Ofelia. Sabemos que no se basa en ningún personaje real, pero de algún modo sí que es el reflejo de muchas personas de éxito como ella, ¿verdad?
EB: Ofelia también está hecha de ecos y de pieles. A lo largo de la novela la iremos viendo en distintos momentos de su vida, a través de los ojos de varios personajes, en situaciones y relaciones muy diferentes… y por supuesto en ella hay muchos toques de personas reales, hombres y mujeres, que tuvieron que luchar por alcanzar sus metas, que tuvieron que adaptarse y plegarse a ciertas condiciones adversas, pero que hasta cierto punto (porque siempre hay cosas con las que incluso la persona de mayor éxito está descontenta) llegaron a donde se habían propuesto, aunque tuvieran que dejarse mucha piel y muchas pieles en el camino.

RE: Luego está Sandra, que ejemplifica la precariedad de tantos jóvenes preparados que sobreviven cómo pueden. Acepta el encargo de escribir la biografía de Ofelia, pero ¿cómo lo vive?
EB: Sandra también es distinta según quién la ve y en qué momento, como todos nosotros. Ella irá transformándose a lo largo de la novela igual que les sucede a todos los personajes. Primero piensa que el encargo de escribir la biografía de Ofelia Arráez es una forma cómoda y agradable de ganar un buen dinero, luego empiezan a presentársele los primeros dilemas éticos —¿debo decir todo lo que supongo, o todo lo que me consta, pero no casa con lo que su hijo quiere que diga? ¿debo omitir datos? ¿omitir es mentir?— y poco a poco ni ella misma sabe lo que piensa de Ofelia porque se va dando cuenta de que no se puede recuperar toda una vida a base de opiniones ajenas, fotos, cartas y folletos. Sandra hace un viaje muy accidentado en esta historia.

RE: ¿Cuál es el riesgo de imponer un relato, como trata de hacer el hijo de Ofelia?
EB: El riesgo es mentir y deformar la realidad hasta que se haga irreconocible, pero es un riesgo que mucha gente está dispuesta a asumir a cambio de tener el poder de decidir qué es lo que va a quedar, qué imagen del pasado se aceptará en adelante, qué historia se convertirá en la «verdadera» o si no en la verdadera, al menos en la oficial. Otro riesgo, claro, es que en algún momento del futuro se descubra el engaño y uno pase a la historia como un mentiroso, un manipulador; pero como cuando eso suceda, el mentiroso ya estará muerto, no creo que le preocupe demasiado.

RE: ¿Por qué Elda y por qué Monastil?
Elda es mi ciudad y el centro de la moda de calzado de señora en España. Lógicamente, a lo largo de mi infancia y adolescencia, he vivido el ambiente de las fábricas, las creaciones, y el desarrollo social y profesional. Por eso me pareció natural usar esos conocimientos para ambientar la novela. El hecho de cambiarle el nombre de Elda a Monastil (que fue el primer asentamiento humano, ya por el Neolítico, de lo que acabaría siendo Elda) fue una pura cuestión de comodidad técnica. Si llamaba Elda a la ciudad, tenía que ceñirme a la geografía y la historia reales, mientras que llamándolo Monastil, podía poner las calles donde yo quisiera y jugar con todo lo demás para que me conviniera en la historia que estaba escribiendo.

Desde aquí, gracias a Elia Barceló por acercarnos todavía más el mundo de El eco de la piel. Si ahora no puedes aguantar las ganas de empezar a leer la novela, recuerda que tienes los primeros capítulos aquí.

¡Feliz lectura!

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