Cinco cosas que mirar en el etiquetado de un producto para ser un buen prosumidor

Roca Editorial -

Las etiquetas de alimentos, prendas y electrodomésticos no están ahí por capricho, son un resumen de nuestros derechos y deberes morales como consumidores. Saber leer un etiquetado correctamente nos puede ayudar a evitar consumir productos que realmente no deseamos o que son perjudiciales para nuestra salud o para el medio ambiente.

El motivo por el que los fabricantes incluyen en sus productos ostentosas tiras de papel con la información más variopinta sobre los mismos no es que quieran complicarnos la vida o liarnos, sino todo lo contrario: las etiquetas están ahí porque existe una legislación sobre derechos del consumidor que es garantista y que les exige que aporten la máxima información disponible e indispensable sobre el objeto de venta.

El libro negro del consumo

Se trata de una información importante que nos ayudará a ser consumidores con conciencia y nos permitirá tomar decisiones buenas tanto para nuestra salud como para el medio ambiente o nuestra ética en lo referente al sistema económico imperante. Conocer el modo correcto de leer esta información es el camino más corto para convertirnos en prosumidores, es decir consumidores activos, libres y conscientes de su poder como ciudadanos.

A continuación, las cinco claves que tienes que mirar en una etiqueta para ser un buen prosumidor.

1. La composición. 

En el caso de un alimento no fresco o un producto ultra elaborado industrial, en la etiqueta tiene que figurar su composición explícita; es decir aditivos conservantes, colorantes y saborizantes, sal añadida si la hay, azúcares añadidos si los hay, porcentaje de agua, elementos como almidón, patata, restos de huevo, leche, etc. Así sabremos si hay añadidos animales (útil para veganos) o bien si tiene azúcares o sal, etc. También sabremos si hay aceite de palma o grasas trans. En los primeros capítulos de El libro negro del consumo hablamos largo y tendido de las problemáticas a este respecto.

En los tejidos textiles nos indicará la presencia de algodón, de lino u otras fibras naturales, o bien también la existencia de licra, elastina y otras fibras derivadas del petróleo y que tienen una huella ambiental importante, tanto por su extracción como por su complicada degradación, lo que hace que se acumulen en vertederos.

El libro negro del consumo

En electrodomésticos nos puede indicar la presencia de metales pesados, sustancias ácidas o alcalinas tóxicas, elementos plásticos, etc., que obliguen a que su reciclaje se haga expresamente en puntos verdes. En los cosméticos nos dirá si hay metales pesados, disruptores endocrinos, o productos orgánicos derivados del petróleo con los que conviene ir con cuidado.

2. El balance nutricional

Este es un precepto exclusivo de alimentos, pero es tanto o más fundamental que la composición, pues nos divide los ingredientes del alimento en hidratos de carbono, azúcares, grasas, grasas saturadas, proteínas, agua, fibra vegetal y sal. Es decir, nos dice qué proporción de cada uno de los elementos sobresale respecto a lo demás. Muchos azúcares es indicativo de peligro de enfermedades cardiovasculares, diabetes, etc.


Mucha grasa saturada, aunque su incidencia es mucho menor respecto a los azúcares, habla de un producto que engorda y que por tanto no estaría recomendado para personas a dieta. Poca proteína indica un alimento pobre desde el punto de vista nutricional. Mucha sal tampoco es recomendable. Si nos acostumbramos a mirar el balance nutricional nos llevaremos muchas sorpresas desagradables, pero aprenderemos a sortear las trampas que nos tienden las corporaciones.  

3. La procedencia 

Tanto en alimentos como en textiles, electrodomésticos o cualquier otro bien material, se nos debe indicar clara y visiblemente. Hemos de pensar que la mayor parte de las veces, la ropa hecha en países del Tercer Mundo, los electrodomésticos ensamblados en China, Camboya o Vietnam, etc., o las frutas y verduras fuera de temporada procedentes de Senegal, Gambia, Marruecos, etc., esconden una huella ambiental elevadísima y unas condiciones laborales que rozan la esclavitud.

En el libro negro del consumo explicamos tales casos especialmente en el capítulo de las farmacéuticas, en el apartado de los antibióticos, así como en el capítulo del low cost, cuando hablamos de la denominada ‘ropa sucia’ ambientalmente.

4. Advertencias para alérgicos

Los alimentos deben especificar si contienen gluten, restos de huevo, leche, etc., no para que veamos que usan todo tipo de cosas, por ejemplo, para reelaborar un lomo de cerdo, sino para evitar que personas alérgicas a estos compuestos y otros tengan problemas. Eventualmente también deberán indicar si se han elaborado en la misma cadena donde se elaboran otros alimentos que contemplan elementos que provocan alergias.


5. Sellos especiales

Se trata sobre todo de sellos ecológicos que si bien no indican mejor calidad nutricional, sí nos dan una guía de que productos se han elaborado o cultivado en las condiciones menos agresivas para el medio. Pueden ser sobre todo alimentos, pero también textiles donde se nos indique que no hay derivados del petróleo o que se han utilizado variedades de algodón que no son tan agresivas con los recursos hídricos, etc.

Otro aspecto destacable de los sellos especiales es el del comercio justo, ya que si así se indica sabremos que el trato se produce entre productores y los mínimos intermediarios posibles, de modo que el productor recibe una remuneración adecuada y no abusiva por su producción. De todos modos conviene ir con un cierto cuidado con los sellos especiales, pues a veces se utilizan innecesariamente para seducir al consumidor y ocultar otros elementos no tan agradables, tal como explicamos detalladamente en el primer capítulo de El libro negro del consumo, que podéis leer en este enlace.


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