Kindred Spirit, el buzón que inspiró a Nicholas Sparks para escribir Cada suspiro

Roca Editorial -

Si algún día vais a Sunset Beach encontraréis, en medio de la nada, el Kindred Spirit, un buzón en el que desconocidos de todo el mundo comparten cartas y mensajes. Este buzón inspiró a Nicholas Sparks para escribir su última novela. Esto es lo que nos cuenta en el prólogo del libro:

«Hay historias que surgen de lugares misteriosos y desconocidos, y otras que hay que descubrir y que son un regalo de otra persona. Es el caso de este relato. En un día fresco y tempestuoso de finales de la primavera de 2016, conduje hasta Sunset Beach (Carolina del Norte), una de las muchas islas diminutas que hay entre Wilmington y la frontera con Carolina del Sur. Aparqué la furgoneta cerca del embarcadero y caminé hasta la playa en dirección a Bird Island, una reserva costera deshabitada. Algunos lugareños me habían dicho que allí había algo que merecía la pena ver; quizás, habían comentado, el lugar acabaría apareciendo en alguna de mis novelas. Me dijeron que buscara una bandera de Estados Unidos. Al verla en la distancia, supe que me estaba acercando.

Mantuve los ojos bien abiertos después de vislumbrar la bandera. Se suponía que debía encontrar un buzón, llamado Kindred Spirit, situado cerca de las dunas. El buzón, erguido sobre un poste de madera deteriorada, clavado cerca de una duna salpicada de vegetación, lleva allí desde 1983 y no pertenece a nadie. Es de todo el mundo. Cualquiera puede dejar una carta o una postal. Sus visitantes pueden leer lo que sea que contenga. Miles de personas lo hacen cada año. Con el tiempo, Kindred Spirit se ha convertido en un depositario de esperanzas y sueños en forma escrita…, y siempre hay alguna historia de amor.

La playa estaba desierta. Al acercarme al buzón aislado, en aquella solitaria franja costera, solo pude ver un banco de madera dispuesto al lado. Era un sitio perfecto para descansar y reflexionar un rato.
Introduje la mano en el buzón y encontré dos postales, varias cartas ya abiertas, una receta de estofado Brunswick, un diario que me pareció que estaba escrito en alemán y un grueso sobre de papel manila. Había algunos bolígrafos, un cuaderno con papel en blanco y sobres, supongo que para aquellos que se sintieran inspirados y quisieran añadir su propia historia al contenido del buzón. Tomé asiento en el banco y leí las postales y la receta antes de empezar con las cartas. Casi de inmediato advertí que nadie indicaba sus apellidos. En algunas de las cartas se mencionaban los nombres de pila; en otras solo figuraban las iniciales, e incluso había algunas totalmente anónimas, lo cual acrecentaba aún más la sensación de misterio.

Kindred Spirit el buzn que inspir a Nicholas Sparks para escribir Cada suspiro

El anonimato permite sincerarse. Leí la de una mujer que, tras su batalla contra el cáncer, había conocido al hombre de sus sueños en una librería cristiana, pero le angustiaba la idea de no ser lo bastante buena para él. Otra era de un niño que deseaba convertirse en astronauta. También había una de un joven que planeaba pedir a su amante que se casara con él en un globo aerostático, y otra de un hombre que quería pedirle a su vecina una cita, pero que temía que le rechazara. Alguien que acababa de salir de la cárcel escribía que lo que más deseaba era empezar de cero. La última del montón era de un hombre cuyo perro, Teddy, había tenido que ser sacrificado recientemente. Todavía sentía el duelo, y al acabar la carta, examiné la fotografía que había incluido en el sobre: un labrador retriever negro de ojos amables y hocico canoso. El hombre firmaba con sus iniciales: A. K. Me sorprendí deseando que encontrara la manera de llenar el vacío que la ausencia de Teddy había dejado.

Para entonces, la brisa era incesante y las nubes se habían tornado oscuras. Se estaba formando una tormenta. Devolví la receta, las postales y las cartas al buzón, y tuve dudas sobre si debía proseguir con el sobre de papel manila. Por su grosor, debía de contener una cantidad nada despreciable de folios, y lo que menos me apetecía era que me sorprendiera la lluvia, de regreso a mi furgoneta. Mientras me decidía si abrirlo o dejarlo, di la vuelta al sobre y vi que alguien había escrito: "¡La historia más increíble del mundo!".»

Podéis seguir leyendo el prólogo de Sparks aquí y tenéis toda la novela en este enlace.

Descubre nuevas lecturas con el buscador emocional

Descubre