La granja, una novela sobre la gestación subrogada

Roca Editorial -

En un mundo en el que las desigualdades son cada vez mayores... ¿cómo incide la maternidad en la vida de las mujeres? ¿Y a dónde nos llevan las posibilidades que ofrece la ciencia, como la gestación subrogada? Joanne Ramos explora las causas y los efectos de la externalización de la maternidad, desde el cuidado de los hijos a la misma gestación, en La granja, una distopía feminista inquietantemente verosímil, que entrelaza los universos de El cuento de la criada de Margaret Atwood y The Help (Criadas y señoras) de Kathryn Stockett. La novela, con cuatro protagonistas femeninas de distintas procedencias y suerte, indaga tanto en las razones de las mujeres ricas que recurren a la subrogación como en los motivos de las que se ofrecen a alojar los embriones para otras mujeres.

«El proyecto resulta en conjunto tan irresistible que ha llegado a pensar que ella y Ethan deberían utilizar también los servicios de Golden Oaks cuando estén dispuestos a tener hijos. Ella ya no es una jovencita, y si el Proyecto MacDonald despega, no podrá permitirse el lujo de bajar el ritmo para quedarse embarazada. ¿Por qué no brindarle a su primer hijo una entrada en la vida dentro de un entorno expresamente planificado para optimizar su potencial fetal?»

En unos Estados Unidos que podrían bien ser los de la actualidad, la empresa Holloway se ha propuesto convertirse en un referente de la reproducción asistida para las élites del país. Golden Oaks, un complejo de lujo a las afueras de Nueva York, en medio de la naturaleza, se ha concebido como el sitio ideal para gestar: un entorno saludable, comida orgánica y dieta personalizada, control médico constante, clases de mantenimiento y ejercicio físico, masajes... todo pensado para favorecer un crecimiento sano de los embriones y potenciar la capacidad y desarrollo del feto desde las primeras semanas de embarazo. 

La granja una novela sobre la gestacin subrogada

Las destinatarias de estos cuidados, sin embargo, no pagan por el servicio. Ellas son parte del producto que comercializa la empresa: sus úteros son receptáculos de calidad para los hijos de otras mujeres. Serán generosamente recompensadas por ello, pero la corporación monitoriza todos sus movimientos y contactos con el exterior y tienen prohibido abandonar el centro. Incluso si esto significa no poder ver a sus propios hijos como le sucede a Jane, una joven de origen filipino, divorciada y sin recursos, que deja a su hija Amalia al cuidado de una prima con la esperanza de que su paso por la granja le permita ofrecerle una vida mejor.

«Examina las fotos de la primera página de cada expediente grapado y frunce el entrecejo. La mayoría de solicitantes son caribeñas, pero ya tiene bastantes de esas. Necesita que no sean de color. No le vendrían mal, piensa, unas cuantas filipinas más: resultan populares entre los clientes, porque tienen un buen inglés y una personalidad dulce y dedicada al servicio.»

La diferencia de clase es determinante en la novela de Joanne Ramos: pocas mujeres de origen humilde consiguen un buen trabajo que les permita vivir holgadamente. Los cambios económicos y en el modelo productivo parecen arrastrarnos hacia una sociedad en la que la reproducción es un negocio más y las mujeres se distinguen entre las que pueden pagar para ser madres (clientas) y las que ofrecen su juventud para hacerlo posible (portadoras).

«—¡La subrogación, y este tipo de subrogación en especial, es una mercantilización, una degradación! Todo lo más sagrado... ¡subcontratado, envasado y vendido al mejor postor! —Para ti es muy fácil decirlo —le había soltado Reagan—. ¡Tú trabajas en un banco! Yo estoy harta de depender de mi padre, y así ayudaré a tener un hijo a alguien que... —Estás dejando que una persona rica te utilice. Estás poniendo precio a algo esencial.»

La novela surge, en parte, de la experiencia de la propia autora. Nacida en Filipinas pero criada en los Estados Unidos, Joanne Ramos se ha convertido en una de las mujeres que encarnan el sueño americano. Pero la mayoría no tiene la misma suerte. Cuenta la autora que «caí en la cuenta de que las únicas filipinas que conocía en Manhattan, donde vivía con mi familia, eran aquellas que trabajaban para mis amigos: canguros, niñeras, sirvientas o mujeres de la limpieza.» De sus conversaciones con estas mujeres y de su propia historia surgen los personajes de La Granja

Podéis empezar a leer la novela aquí.

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