Charla con Pilar Ruiz sobre El jardín de los espejos

Roca Editorial -

Con El jardín de los espejos de Pilar Ruiz estrenamos por todo lo alto la nueva temporada literaria. Es un «novelón en mayúsculas» para el que no hay reseña mala. Desde su publicación a principios de septiembre, El jardín de los espejos se ha ganado el aplauso de la crítica. Han dicho que la historia «te arrastra», que la narración es «cautivadora», de esas que «llegan al corazón». Para muestra, te dejamos la lectura de algunos fragmentos a cargo de la actriz Clara Méndez-Leite introducida por la periodista y escritora Rebeca Marín.


En este otro post ya te contamos las claves de El jardín de los espejos, pero hoy charlamos con su autora, Pilar Ruiz, para profundizar todavía un poco más en el qué, el cómo y el por qué de esta historia protagonizada por tres mujeres distintas, de tres épocas distintas pero unidas por un mismo lugar: la Cantabria más misteriosa.

El jardín de los espejos son muchas historias en una. Las tres protagonistas son distintas, pero tienen algo en común más allá del lugar: lo han tenido difícil solo por el hecho de ser mujer. A parte de esconder misterio, y algo de magia, ¿es una novela también reivindicativa?
Lo es porque los personajes lo son. Inés, Amalia y Elisa se reivindican así mismas al descubrir que pueden ser libres de las cargas que ellas mismas se han impuesto. Pero no solo ellas: también personajes masculinos como el padre de Amalia o Angelín el guerrillero —también muy distintos entre ellos: uno es un profesor universitario y el otro un hombre humilde— tienen una perspectiva crítica sobre la relegación que ha sufrido la mujer a lo largo de los siglos. Esas perspectivas no son nuevas, siempre estuvieron ahí, aunque fueron silenciadas y hoy, redescubiertas, nos ayudan a comprender nuestra propia época con muchos más matices.

Lo de los espejos es más que un juego de palabras, ¿es una manera de reflexionar sobre el paso del tiempo?
Sí, por supuesto. El tiempo, nuestra percepción sobre él, es el tema central de la novela. Ese espejo es nuestra capacidad para viajar a través del pasado, presente y futuro o de atrapar el instante como se hace en el cine y la pintura. Además, el espejo, tanto en literatura como en el cine plantea siempre una reflexión sobre la verdad, la propia identidad y también sobre “los otros lados” del género fantástico. Un aspecto que roza lo sobrenatural y que está muy presente en esta novela.

Háblanos un poco de las protagonistas, de lo que tienen en común más allá de la casa del alemán.
Inés, Amalia y Elisa no se parecen entre ellas; no tienen el mismo carácter ni comparten rasgos ni semejanzas. Es lo que les ocurre, la acción, lo que las une, a pesar de estar separadas por décadas. Es la acción y sus consecuencias las que les obligan a reflejarse en las demás. Inés es una mujer de hoy en día, pero alejada del arquetipo de “mujer fuerte”: está llena de miedos e inseguridades. Amalia vive durante una época atroz para ser mujer artista y se encuentra atrapada en una existencia que detesta. Elisa es la más lejana en el tiempo y sin embargo se parece más a muchas mujeres de hoy en día: es hija de las vanguardias del siglo XX, es valiente, independiente… Pero se ve envuelta en una historia terrible. Son tres mujeres que buscan, huyen y esperan. La esperanza está también muy presente en esta historia.

¿Qué tiene de mágico Cantabria que seduce tanto cuando leemos sobre ella en el libro?
Para mí, que soy cántabra, mucho. Pasé parte de mi infancia y adolescencia en el valle de Campoo, con bosques y montañas donde aún viven osos y lobos, donde los inviernos eran durísimos, con nevadas que aislaban el pueblo que por no tener, no tiene ni bar ni tienda. Así que solo tenías dos opciones: ir al bosque a jugar o quedarte al lado de la chimenea leyendo e inventado historias. En Cantabria es habitual que la gente cuenta historias en las que se mezclan leyendas con hechos históricos, la realidad con la fantasía. Un territorio de cuentos de hadas, brujas y ogros, donde el cristianismo nunca enraizó del todo y con una tradición celta y pagana potentísima.  

¿Por qué esa zona concreta de Cantabria y no otra?
Se trata de una zona de valles aisladísimos del sur oriental de Cantabria —entre los ríos del Pas, Asón, Miera, Luena y Pisueña— y pobres durante siglos, donde la emigración era la única salida. Durante siglos se ha especulado con su origen: que si eran judíos, musulmanes huidos de Granada, descendientes de vikingos… Ahí radica la desconfianza del resto de la población: todavía decir “pasiegón” en Cantabria, es un insulto. El modo de vida tradicional pasiego es absolutamente único, un tipo de nomadismo con “mudas” en las que la familia entera se traslada con las vacas o las ovejas —y sus enseres a cuestas— a distintas cabañas y pastizales desperdigados por los montes según la estación del año. Muchas no tienen agua corriente ni luz. El pasiego es muy individualista y descreído de todos los poderes: no le gustan los amos. La pasiega es una mujer muy fuerte, muy inteligente y trabajadora, “echá p’alante” que dirían allá, como las famosísimas amas de cría de la aristocracia. Ahora resultan casi exóticos, pero fuera de idealizaciones, conocemos bien sus difíciles condiciones de vida. Para mí era importante contar como influía ese aislamiento en las tres protagonistas y también sus excepciones, como el balneario de Puente Viesgo, por ejemplo. Ellas son “forasteras” y hay un choque con ese entorno.

Haznos de guía, ahora que es momento de promocionar más que nunca el turismo nacional. ¿Qué no podemos perdernos si vamos a Cantabria y queremos rehacer los pasos de las protagonistas de la novela?
No participo del entusiasmo por un modelo turístico insostenible como el que hemos desarrollado en España hasta ahora. Tiene que cambiar —mucho más después de esta pandemia— para adaptarse a los modos de vida de los lugares que visitamos, que deberíamos respetar más. Creo que la clave no está en el turismo sino el conocimiento y conservación de nuestro patrimonio cultural, científico, histórico y artístico, que ha sido despreciado, abandonado y expoliado durante siglos. Me parece fundamental divulgar y educar para proteger nuestros tesoros, saber que nos pertenecen, que son de todos. Tenemos que concienciar a la población en que hay que pagar impuestos para invertir en su investigación y conservación y obligar a las administraciones a que cumplan con ello. Uno de esos tesoros es el arte rupestre. Las cuevas de El castillo son visitables aunque no todas —por problemas, otra vez, de conservación—, pero allí no puedes hacerte un “selfie” porque están prohibidas las fotos, como en el museo del Prado: se trata de vivir una experiencia bellísima que no se parece a ninguna otra y sumergirte en ella, no de subir una foto a Instagram.

Las cuevas de El Castillo tienen una importancia especial en la historia. Háblanos de ellas, porque creo que también son especiales para ti.
La primera vez que entré tenía 13 años y nadie me había hablado de ellas. De Altamira sí, claro. Pero es que Cantabria —junto a Asturias y el norte de Francia— es poseedora del arte rupestre más importante del mundo. En El jardín de los espejos las cuevas forman parte de la historia como un personaje más y hacen de catalizador de todo lo que ocurre: representan el misterio del misterio. Impresionan a los personajes tanto como me impresionan a mí, que estoy enamorada de esas cuevas, del arte que atesoran y de los seres humanos que lo crearon.

¿Tu experiencia en el cine te condiciona a la hora de escribir novelas?
Absolutamente, pero también mi formación teatral, fundamental para crear personajes y saber cómo hablan. Incluso leo en voz alta los diálogos de las novelas para saber si suenan bien, si pueden “decirse” con facilidad y claridad. El proceso de escritura de un guion es algo muy técnico, incluso árido, pero por otro lado muy útil. Como guionista aprendí a estructurar y dosificar la información, a ser precisa y a contar a través de la acción y las imágenes: eso siempre está en mis novelas. Sin embargo la escritura de una novela es más libre, más rica, puedes jugar con muchos más puntos de vista, con el lenguaje y la expresividad de mil maneras que están prohibidas en un guion cinematográfico, en realidad una guía para que todos los miembros del equipo sepan qué hay que contar. Escribir novelas es mucho más divertido.

¿Te gustaría dirigir tu misma la adaptación cinematográfica de la novela?
¡No se le puede decir eso a una cineasta impunemente… Jajajaja! Por supuesto que me gustaría. 

Cautivadora y envolvente, a ratos desgarradora, a ratos divertida. Un guión perfecto para una buena película. Así es la historia que Pilar Ruiz narra en El jardín de los espejos. Puedes empezar a leerla ahora mismo desde aquí, y si te has quedado con ganas de más, te invitamos a ver también la charla de la periodista Rebeca Marín con Pilar Ruiz desde Espacio Gallinero, en Madrid. Y todavía algo más, el trailer del documental Pasiegos. Los valles del silencio, dirigido por Carlos e Higinio Sáinz Crespo y recomendado por la propia autora para que te metas de lleno en el paisaje de la novela.

¡Hasta la próxima, felices lecturas!

©Foto de portada: EFE/Pedro Puente Hoyos

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